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En medio de mucha tribulación y angustia de corazón les escribí con muchas lágrimas, no para que se entristecieran, sino para que conocieran el amor que más especialmente les tengo (2 Cor. 2:4).
Servir a los hermanos exige mucho trabajo, por lo que requiere espíritu de sacrificio. Dado que los superintendentes cristianos son verdaderos pastores espirituales, se preocupan por los problemas del rebaño. Es evidente por las palabras del texto de hoy que Pablo ponía todo el corazón en el desempeño de su labor. El espíritu de sacrificio siempre ha distinguido a los hombres que trabajan a favor de los siervos de Jehová. Por ejemplo, Noé nunca le dijo a su familia: “Avísenme cuando hayan terminado el arca y entonces iré con ustedes”. Igualmente, Moisés no les ordenó a los israelitas que vivían en Egipto: “Traten de llegar al mar Rojo y allí nos encontramos”. Y Josué jamás mencionó: “Mándenme llamar cuando hayan caído las murallas de Jericó”. Así mismo, Isaías tampoco señaló a otro profeta y dijo: “¡Ahí lo tienes! Envíalo a él” (Isa. 6:8). w10 15/5 3:7, 8
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