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Todas estas bendiciones tienen que venir sobre ti y alcanzarte, porque sigues escuchando la voz de Jehová tu Dios (Deu. 28:2).
Al pueblo de Israel, que descendía del patriarca Abrahán, Dios le hizo la promesa citada arriba. Estas palabras también son aplicables al pueblo de Dios de la actualidad. Por eso, si deseamos recibir las bendiciones divinas, sigamos “escuchando la voz de Jehová”. Solo así veremos cumplirse la promesa: “Estas bendiciones tienen que venir sobre ti y alcanzarte”. Ahora bien, ¿cómo demostramos que estamos “escuchando la voz de Jehová”? Sin duda, escuchar a Jehová significa tomar muy en serio su Palabra y el alimento espiritual que él nos brinda (Mat. 24:45). Además, exige obedecer tanto a Dios como a su Hijo. El propio Jesús advirtió: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mat. 7:21). Escuchar a Dios también implica someterse de buena gana a la organización que él ha establecido: la congregación cristiana, en la que contamos con “dádivas en [la forma de] hombres”, los ancianos nombrados (Efe. 4:8). w10 15/12 3:17, 18
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